Tía Olivia: 44 Años sembrando vocación y fe
- diciembre 31, 2025
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Tras una frúctifero desarrollo en la educación de párvulos, en establecimientos educacionales adventistas, siendo el CATCE el último en desempeñarse, dejamos en esta nota como parte de su biografía.
Raíces que inspiran una vocación
Flor Olivia Fierro Salazar, cariñosamente conocida por todos como la Tía Oli, es la segunda de cinco hermanos y educadora de párvulos titulada de la prestigiosa Universidad de Concepción, casa de estudios que marcó profundamente su formación profesional y humana. Desde allí inició un camino educativo guiado por la vocación, el compromiso y un profundo amor por la infancia.
Nacida en una familia profundamente adventista, es hija de don David Fierro, pionero en la formación de la Iglesia Adventista en Talcahuano y también en la creación de la Escuela Adventista de Talcahuano, nombre que llevó esta institución en sus primeros años. Fue en el seno de su hogar donde, a través del ejemplo, se sembraron la fe, el amor y los valores cristianos que marcaron su llamado a servir en la obra educativa adventista.
Una vida entregada a la Educación Adventista
Su camino profesional comenzó con un año de servicio en la Escuela Adventista de Hualpén. Posteriormente, decidió dedicar su vida laboral de manera plena al proyecto educativo de la Escuela Adventista de Talcahuano, hoy Colegio Adventista de Talcahuano Centro, institución a la que entregó 44 años de servicio ininterrumpido.
Durante más de cuatro décadas, fue testigo y protagonista de innumerables hitos que marcaron a esta comunidad educativa: generaciones completas de niños y niñas que pasaron por sus aulas, procesos de crecimiento institucional y momentos tan significativos como la reconstrucción del colegio tras el terremoto del año 2010. En cada etapa, su presencia fue constante, silenciosa y profundamente comprometida.
Formadora de generaciones y de corazones
A lo largo de toda su trayectoria, ejerció su labor en Prekínder y Kínder, acompañando los primeros pasos de cientos de niños y niñas, no solo en lo académico, sino también en la formación de valores, hábitos y principios cristianos. A través de su enseñanza, contribuyó a la formación de quienes alguna vez fueron llamados “el futuro de Chile” y que hoy son mujeres y hombres profesionales.
Muchos de ellos regresaron años después al colegio, esta vez de la mano de sus propios hijos, para que también fueran alumnos de la querida Tía Oli, testimonio vivo de la huella profunda que dejó en sus vidas.
De manera especialmente significativa, su vocación trascendió también el ámbito familiar. Ella tuvo el privilegio de ser educadora de sus propios hijos: Pamela en 1986, Edgardo en 1992 y Mariela en 1994, reflejando una admirable coherencia entre su vida personal y su llamado profesional.
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Un Legado que Permanece Vivo
Además de su labor en el aula, dejó una huella más allá del colegio al integrar durante varios años el Comité Comunal de Educadoras de Párvulos “Tralcahueño”, aportando activamente desde su experiencia, vocación y amor por la educación inicial al desarrollo de la educación parvularia en la comuna.
A lo largo de estos 44 años, compartió su camino con numerosos directores y colegas, construyendo relaciones basadas en el respeto, la colaboración y el afecto. De manera muy especial, este recorrido estuvo acompañado por las asistentes de educación, quienes fueron un pilar fundamental en su labor diaria: en sus inicios la Tía Sarita, luego la Tía Nadia, y en esta etapa final la Tía Angio, quien hoy la despide y representa a tantas personas que caminaron junto a ella.
Gracias, Flor Olivia Fierro Salazar, querida Tía Oli, por 44 años de servicio, por su fidelidad a los valores adventistas y por haber sembrado, con amor y dedicación, las primeras semillas en tantos corazones.





