Entre aulas, fe y familia
- junio 27, 2026
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Eduardo Astete dedicó su vida a la fe, la educación y el servicio, formando una familia y Tras 43 años en la Educación Adventista, deja un valioso legado de vocación, compromiso y entrega.
Eduardo nació en la ciudad de Temuco el 6 de julio de 1961. Es el segundo de cinco hijos varones del matrimonio conformado por Carlos Astete Reyes y Sylvia Astete Alvial.
Raíces y primeros años en Temuco
Inició sus estudios en el Colegio Adventista de Temuco, ubicado en calle Diego Portales 251, junto a la Iglesia Central y frente a la plaza del Hospital, ingresando a primero básico en el año 1967. Allí cursó toda su educación básica. Posteriormente, continuó su enseñanza media en el Liceo Industrial de Temuco, donde obtuvo el título de Mecánico Automotriz.
Desde pequeño se caracterizó por ser una persona alegre, simpática y muy sociable. Siempre dispuesto a animar a quienes lo rodeaban, también tuvo momentos de travesura. Aquellas experiencias le dejaron importantes lecciones de vida.
Fe, vocación y llamado al servicio
Durante su juventud entregó su vida al Señor por medio del bautismo. En su caminar cristiano asumió diversas responsabilidades dentro de la iglesia, sirviendo como director asociado de Escuela Sabática, diácono y asociado de jóvenes. Más adelante, en su etapa de adulto joven, fue llamado a desempeñarse como líder y anciano de iglesia.
Sin conformarse con su título técnico y decidido a cumplir su sueño de convertirse en profesor de Estado, rindió la antigua Prueba de Aptitud Académica (PAA), obteniendo el puntaje necesario para ingresar a la universidad. En 1980 comenzó sus estudios en la Universidad de La Frontera, donde cursó la carrera de Educación Física. En marzo de 1984 obtuvo su título de Profesor de Estado en Educación Física.
El inicio de una gran misión educativa
Una anécdota memorable de ese período tiene como protagonista al pastor Juan Héctor Pérez, quien por entonces se desempeñaba como director del CEALA. Incluso antes de que Eduardo terminara formalmente sus estudios, ya lo había reclutado para integrarse al cuerpo docente de la institución. De manera casi simbólica, apenas finalizada su ceremonia de titulación, fue llevado directamente al CEALA para comenzar su carrera profesional en 1984.
Su trayectoria laboral dentro de la Educación Adventista ha sido extensa y admirable: en el CEALA entre 1984 y 1987; en el CADEC entre 1988 y 1998; nuevamente en el CEALA desde 1999 hasta 2020; en Santiago Poniente entre 2021 y 2023; en Santiago Norte durante 2024; y finalmente en CATCE desde 2025 hasta la actualidad.
A lo largo de su carrera desempeñó múltiples responsabilidades: docente, orientador, encargado de convivencia escolar, inspector general, coordinador SEP y director. Su vida profesional estuvo marcada por el servicio, el compromiso y la vocación, completando 43 años dedicados a la Educación Adventista.
Amor, familia y nuevas generaciones
Fue precisamente en el CEALA donde el amor llamó a la puerta de su corazón. Allí conoció a quien hoy es su esposa, la docente de Lenguaje Magdalena Cáceres Robles, oriunda de Pica, en la región de Iquique. Ambos contrajeron matrimonio en 1987, en la ciudad de Pica.
Fruto de esta unión y mientras ambos servían en el CADEC, entre 1988 y 1993 nacieron sus tres hijos: Evelyn, hoy neuróloga infantil; Eduardo Felipe, ingeniero civil electrónico; y Macarena, quien siguió los pasos de su madre al convertirse en profesora de Lenguaje. Con el tiempo, Macarena emprendió nuevos horizontes y actualmente reside en Irlanda.
La familia continuó creciendo con la llegada de su primer nieto, Javier, y al cierre de esta biografía, un nuevo nieto o nieta viene en camino, llenando de expectativa y alegría a toda la familia.
Pasiones, legado y el cierre de una etapa
Su deporte favorito también ha evolucionado con el paso de los años. En su juventud disfrutó del futbolito, luego del voleibol, más tarde del tenis y posteriormente encontró en el trekking una nueva pasión.
Es hincha del Club de fútbol Universidad de Chile y ha llevado siempre con orgullo los colores azules. Él dice ser un verdadero “chuncho”a pesar que su club aún no tenga estadio propio.
Seguramente nunca imaginó que llegaría el momento de su jubilación. Sin embargo, después de más de cuatro décadas de entrega, dedicación y servicio, ese momento finalmente ha llegado: el cierre de una extraordinaria etapa de vida, dejando una huella imborrable en la educación, en su familia y en todos quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.






